Marta Albaladejo Mur
Marta Albaladejo Mur

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Este artículo está escrito el 10 Oct 2007, y está categorizado en Artículos.

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¡Vaya metedura de pata!

Esteban y Tura se han mudado de piso hace poco. Ahora tienen más espacio, ascensor y aparcamiento para el coche. Están muy contentos del cambio. Bien, están… convencidos de que debían hacerlo bien, y estarían muy contentos si no fuera por los vecinos. En el piso anterior eran muy pocos vecinos y se conocía de hacía mucho tiempo. Aquí, en cambio, no saben cómo les irá con el vecindario, hay gente desconocida, hay gente del extranjero… ¡Ya se irá viendo!

Hoy Tura sale de casa algo más tarde que los demás días. Está bien, se siente llena de energía, ha descansado bien, ha tomado un buen desayuno, ha dejado la casa ordenada como a ella le gusta y se va. Cuando llega a los buzones, ve que hay correspondencia. Le pica la curiosidad y recoge las cartas que hay: mucha publicidad y una carta del banco, nada interesante. Pero… ¿qué están viendo sus ojos? ¿con qué se ha encontrado? Piensa: “¿Qué se ha creído esta gente?”

Resulta que va a abrir la carta del banco… ¡¡encuentra que está abierta!! “¡Menuda cara!” Esto ya es el no va más, me abren las cartas del banco, fisgonean en el estado de mis cuentas y después me vuelven a poner el sobre el en buzón, ¡como si no hubiera pasado nada! Esto no me lo hubieran hecho jamás los vecinos de antes!. Y le viene a la mente su antiguo piso, tan coqueto, sus vecinas, las tiendas que ya conocía de toda la vida… ¡Si no se hubieran mudado!

Le han estropeado el día, ¡con el buen humor que llevaba de buena mañana! Y durante el día se la ha ido poniendo mal humor: ella ya estaba bien en el piso de antes, es cierto que era muy pequeño, pero si las cosas están bien ordenadas, ocupan menos espacio. Y… no pasa nada, por ir a aparcar un poco más lejos, todavía son jóvenes y pueden caminar unos metros ¿no?

Cuando al atardecer llega Esteban a casa, Tira espera la comprensión de su marido: “No dirías nunca qué nos han hecho los vecinos. ¡Que gente más fisgona y caradura! ¡Nuestros anteriores vecinos no hubieran hecho esto jamás! ¡Así no vamos bien!”. Esteban escucha pacientemente lo que Tura le explica. Al final, no puede evitarlo y se pone a reír.

-      ¿Y encima todavía te ríes? – dice Tura

- No mujer, no me río de ti, es que me hace gracia. No te preocupes, no pasa nada, los vecinos no han cotilleado nada. he sido yo. Cuando me he ido por la mañana, he visto que nos había llegado una carta del banco, la he abierto y he mirado cómo estamos de saldo, con esto de la nueva hipoteca… Después, he vuelto a dejar el sobre en el buzón para no llevarlo todo el día encima. ¡Ya me extrañaba a mí no haberlo encontrado ahora!

Tura estalla de risa. ¡No había para tanto! ¡Sólo era su imaginación! Cosas como ésta pasan cada día: nos pensamos que los demás nos han hecho algo, y no es cierto, las cosas han ido de otra manera. ¡Vaya metedura de pata! ¡Malas jugadas de la imaginación! ¡Mejor primero preguntar!


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