Marta Albaladejo Mur
Marta Albaladejo Mur

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Este artículo está escrito el 22 Oct 2007, y está categorizado en Artículos.

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¿Y si no podemos ser más positivos?

Tura llega a casa cansada de trabajar. Más que cansada. Con unas ganas de llorar horrorosas. Es como si le doliera todo: el cuerpo y el alma. Ha vuelto a recibir una bronca de su jefa. Ya no sabe qué hacer para que no le diga que hace el trabajo mal.

Hace años que Tura trabaja en la misma residencia atendiendo a gente mayor. Siempre ha hecho su trabajo a gusto y, con el tiempo, ha ido aprendiendo la mejor manera de hacer las cosas para que los abuelos estén más contentos y que ella no acabe tan cansada. Pero desde que cambiaron a la jefa, todo ha cambiado también. Es como si ella ya no supiera trabajar: si va más pronto a cambiar a unos ancianos para que le dé tiempo de tenerlos cambiados antes de comer, está mal, porque se ensucian en seguida. Si los cambia después de comer, también está mal, no les deja hacer la siesta. Si… ¡qué más da! No hay manera de tener contenta a esta mujer.

Tura ha oído hablar del mobbing, pero no sabe si esto que le pasa es mobbing o si no lo es; tal vez simplemente es que con los años está perdiendo facultades, ya no es tan joven, ya no tiene la energía de antes. Últimamente tiene una gran pena dentro: se da cuenta de que los años van pasando, las ilusiones de cuando era jovencita se van desvaneciendo; no hace el trabajo de sus sueños; además cada día trabaja peor, se olvida de las cosas, no se puede concentrar; sus hijos tienen algunos problemas; ella, desde que se ha cambiado de piso echa de menos el barrio de antes, y Esteban, su marido, no es el príncipe azul que ella había soñado.

Cuando Esteban llega de trabajar, Tura todavía no ha preparado la cena. Está en la cocina medio llorosa y con todo por hacer: ´Holaaaa, buenaaas. ¿Qué haces? ¿Qué te pasa?

-      Hola, Esteban. Ven dame un beso.- Tura se dirige hacia Esteban y de pronto explota a llorar como una magdalena.

- ¿Otra vez? ¡Cada día estás igual! ¿Y ahora qué te pasa? Es otra vez esa mujer? ¡A mí no me lo haría! Ya está bien, Tura, has de ser más positiva. ¡Siempre estás igual!

Tura no puede ni hablar. Ahora todavía llora más desconsoladamente… ¿Cómo es posible que Esteban sea tan insensible? ¿Y no puede ser más positiva? Si Esteban, simplemente, abrazase a Tura y le dijera que la entiende, ¡quién sabe si se convertiría en su príncipe azul!

Cosas como ésta pasan cada día. Hay momentos en que alguien se siente en lo más profundo del pozo y que no le sirve de nada que le digan que ha de ser positivo.

 

Este artículo también está disponible en: Catalá

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