Marta Albaladejo Mur
Marta Albaladejo Mur

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Este artículo está escrito el 21 Nov 2007, y está categorizado en Artículos.

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¿Quién tiene miedo?

Juan ve cosas extrañas en la empresa en la que trabaja desde hace 20 años. Parece que los proveedores no están cobrando cuando tocaría, ve que hay menos ventas, están perdiendo clientes de toda la vida, el sector está en crisis, según dicen. Juan no cree que lo echen, confían en él desde hace tiempo, siempre ha sido un buen trabajador, su jefe es como si fuera su padre, pero… se siente angustiado, intranquilo.

¡Ahora, justamente, que se ha decidido a comprarse un piso! ¡Ahora que los precios empiezan a bajar y dicen que es un buen momento para invertir! Ya tiene el piso tasado y los papeles presentados al banco, todo a punto para hipotecarse hasta más allá de la jubilación. Últimamente no puede dormir bien. Quizá tendrá que ir al médico, pero no quiere que le recete pastillas, como cuando tuvo unos ataques de ansiedad y lo empastillaron de lo lindo y no podía ni conducir ni nada.

Juan siempre ha sido valiente y decidido. Fue educado para no tener miedo. Todavía recuerda, cuando tenía 6 o 7 años, un día que con sus padres y unos amigos de los padres fueron a un parque muy grande. Sólo recuerda que no había más niños, sólo unas personas mayores que estaban con él en un lugar desconocido. Y, de repente, estaba solo. No había nadie conocido y no sabía dónde estaba ni cómo volver a casa. Llamó a sus padres, pero no le respondieron. De pronto habían desaparecido. ¡Aquel día sí que pasó miedo! Un pánico terrible de no saber qué sería de él sin sus padres, sin su hogar… Gritó y gritó, lloró, sentía el corazón como si le fuera a salir de su pequeño pecho.

De pronto, los padres y otros adultos aparecieron y se pusieron a reírse de él, a imitarlo y a burlarse. Le decían que era un gallina y que no se ha de tener miedo. ¡Todavía recuerda cómo lo ridiculizaron! Y el miedo que sintió, mezclado con la vergüenza y las ganas de desaparecer. Por esto ahora no siente miedo.

Juan está muy orgulloso de cómo es, sus padres lo hicieron bastante bien; pero tiene claro que no hará jamás a sus hijos una mala pasada como ésta. Sus padres no sabían nada sobre cómo educar las emociones, entonces no se hablaba de la felicidad de los hijos. Por suerte, Juan tiene más oportunidades de informarse.

 

Este artículo también está disponible en: Catalá

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