Marta Albaladejo Mur
Marta Albaladejo Mur

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Este artículo está escrito el 23 Ene 2008, y está categorizado en Artículos.

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¿Quién nos enseña a enamorarnos?

Pablo tiene 17 años y la cara llena de granos. Sus padres se sienten bastante orgullosos de el hijo que les ha salido. Lo que ocurre es que sufren. Sufre cuando sale por la noche y lo tienen que ir a buscar a las dos o a las tres de la madrugada. Sufren por cómo le irá la vida. Sufren cuando ven que… ¡se ha enamorado!

Pablo está locamente enamorado de Silvia. Lo que ocurre es que él no la entiende. Sólo sabe que tiene ganas de estar con ella todo el rato. Cuando no están juntos, pasa el tiempo enviándole mensajes, o pensando en los que le enviará, o la llama por teléfono, o “chatean”. Ahora ya ni tiene ganas de comer y apenas duerme.

Su madre lo mira con preocupación. Esa niña, Silvia, no le acaba de gustar. Piensa: “Ya se nota que hará sufrir a mi hijo. Él es muy inocente y esa chica es muy espabilada y hace de Pablo lo que ella quiere”.

El padre de Pablo mira a su hijo con curiosidad. Él recuerda a la perfección la primera vez que se enamoró. Más o menos, debía tener los mismo síntomas que Pablo: no tenía apetito, le costaba dormir, no se podía concentrar… Le parecía que si aquella chiquilla que lo tenía embelesado no estaba, no podría vivir. Cuando ella lo dejó, creía de verdad que iba a morir. Todo lo que antes había sido felicidad desmesurada se transformó en un calvario. ¡Suerte que los amigos y el tiempo lo ayudaron a salir adelante!

El padre querría decirle a Pablo que eso que le ocurre no es grave, que sólo se trata del amor. Querría hacerle entender que ninguna chica jamás podrá darle todo lo que sueña. Querría hablarle de los desengaños y del dolor que puede causar el amor y de cómo, a pesar de las desilusiones, el amor vuelve a crecer, como la hierba en el campo. Pero lo mirará y no le dirá nada. Lo dejará que viva en su nube y estará atento para que cuando se caiga y necesite consuelo.

Este artículo también está disponible en: Catalá

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