Marta Albaladejo Mur
Marta Albaladejo Mur

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Este artículo está escrito el 27 Ago 2008, y está categorizado en Artículos, General.

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¿Quién tiene la culpa?

Sinceramente, después de unos días de vacaciones, me cuesta buscar algún hecho positivo para comentar. Sobretodo después de este gran desastre del verano que ha sido el accidente de Barajas. Más de cien personas “normales y corrientes”, como nosotros, con sus preocupaciones, sus trabajos y sus ganas de descansar en vacaciones, subieron en un avión para ir a Canarias. Y el avión se convirtió en su tumba.

Después han llegado las declaraciones del Gobierno, que quiere investigar los hechos y buscar responsabilidades, eso es lo que toca, claro. Han venido los medios informativos, buscando el equilibrio entre el respeto hacia las víctimas y sus familiares y el “reality show” fácil. También es lo que toca. ¡Qué suerte han tenido este verano los periodistas! Entre las olimpiadas y el accidente de aviación, han podido llenar sus páginas en una época de sequía informativa que algunos años da pena. Recordaremos en 2008.

Se ha hablado mucho. hemos leído ya mucho sobre el tema. Lo que me llama la atención sobre toda esta comunicación que se ha producido en los medios, en la calle, en el mercado y en las casas, es este desconcierto que nos ha invadido: ¿De quién es la culpa? La culpa es negra, se dice, y no la quiere nadie. Es preciso establecer las responsabilidades. Se ha de castigar a quien no se haya comportado con responsabilidad. Hay compensaciones económicas millonarias que es necesario saber a quién le toca pagarlas. Hay mucha rabia que se ha de enviar contra alguien para que no nos corroa el corazón a todos.

Y en este contexto, los expertos en análisis de accidentes trabajan pacientemente, a conciencia, para descubrir qué cadena de errores, uno detrás de otro, produjo el gran desastre. Y, entre todos estos errores, irresponsabilidades, distracciones, desaciertos y desobediencias, cuál fue el único hecho que produjo el resultado irreversible. Aquel que cometió la equivocación que ya no se pudo resolver será el “culpable”. Esto servirá al Gobierno, a las compañías de seguros y a los medios de comunicación. Pero… ¿realmente la culpa puede recaer en una sola persona? Y que la culpa sea de uno, ¿podrá hacer sentir inocentes a los demás?

La vida está llena de desastres y accidentes, pequeños y grandes. Cada uno de ellos ha sido el resultado de una acumulación de circunstancias desafortunadas. Cada acción que hacemos diariamente, cada distracción, puede formar parte de una cadena que lleve a un desastre. Una llamada de móvil cuando nos han dicho que no llamemos, un motor que no hemos revisado, una llave de paso que no hemos cerrado, un abrazo que no hemos dado… Esto me hace pensar en la gran responsabilidad que tenemos en el oficio de vivir y en lo difícil que es vivir con la conciencia tranquila.

Este artículo también está disponible en: Catalá

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