Marta Albaladejo Mur
Marta Albaladejo Mur

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Este artículo está escrito el 25 Nov 2008, y está categorizado en Artículos, General.

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Por favor, queremos que sea la maestra de nuestro hijo

María Pérez (el nombre es inventado) es una maestra jubilada. Es una mujer de apariencia austera, habla con palabras comedidas, lentamente y con profundidad. Seguramente a sido una maestra bastante estricta, que ha leído con detenimiento los cuadernos de sus alumnos, que ha corregido con paciencia los trabajos de vacaciones y que ha corregido los errores que ha considerado conveniente corregir. Cuando me explica esta anécdota, la intuición me dice que ha querido a sus alumnos como si fueran sus propios hijos, como los hijos que no tuvo.

María recuerda que una vez tuvo un alumno muy “difícil”. No es que el niño fuera más travieso que cualquier otro, pero a María le costaba especialmente hacer de maestra de este chico. Ella notaba que no gustaba a sus padres. Probablemente, eran de aquellos padres que se exclaman de que les haya tocado una maestra tan dura: si ella le reclamaba las tareas al niño, él respondía que no las había hecho porque había estado con sus padres y no había tenido tiempo. No es que los padres de la criatura le hubieran hecho un feo directamente a la maestra, simplemente, ella no sentía su soporte para educar al pequeño constestatario. Y de ese modo, una maestra no puede educar.

Se acercaba el final de curso y María se preguntaba qué debía hacer. Veía que el niño podía progresar más allá del nivel en el que estaba consiguiendo con ella; y ella tenía que pasar el año siguiente con el mismo grupo. Entonces María tuvo una idea: pidió a la dirección que aquel alumno cambiara de grupo y fuera con la maestra “paralela”, y la dirección aceptó.

Una vez acabado el curso, María Pérez llamó a los padres del alumno en cuestión y les dijo que había notado cómo ellos no coincidían con su manera de enseñar. Los padres no dijeron ni que sí, ni que no. María continuó explicándoles la solución que había encontrado: “A mí me da igual no gustarles a ustedes, están en su derecho; sin embargo lo que a mí me importa es su hijo y quiero que el año próximo vaya mejor. Por lo tanto, he pedido a la dirección que el año que viene cambie de grupo y continúe con la otra maestra del curso.

Los padres no dijeron nada durante la entrevista, seguro que aquella solución atípica los había dejado sorprendidos de verdad. Unos días más tarde, llamaron a la dirección de la escuela: “Por favor, queremos que nuestro hijo continúe en el grupo de María Pérez“. El año siguiente, el chico tuvo a la misma maestra, pero con el soporte de los padres. ¡Y entonces sí que progresó adecuadamente!

Este artículo también está disponible en: Catalá

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