Marta Albaladejo Mur
Marta Albaladejo Mur

Informació

Este artículo está escrito el 03 Ene 2009, y está categorizado en Artículos, General.

Páginas

¿Cómo reconocer cuándo te estás exigiendo demasiado?

Esteban es un buen padre de familia, un buen marido y un trabajador responsable. En la empresa donde trabaja hay cada vez más dificultades. Ha disminuido la facturación y las exigencias del mercado cambian muy rápidamente: cuando ya sabes cómo resolver una situación, cambia la ley, cambia el programa informático o cambia lo que sea, y venga, ¡vuelta a empezar! De nuevo a aprender un nuevo sistema… Y eso no es todo, es que además ya no se pueden trabajar horas extra, “nos tenemos que apretar el cinturón”, le dicen. Los ingresos van a la baja y los precios… no es necesario hablar de ellos, cada vez todo es más caro.

Por suerte, él ha recibido una sólida educación, tiene claras sus prioridades y no desfallece. Hace 12 años que trabaja en la misma empresa, y todavía es hora que coja una baja. Eso sí, cuando llega un puente, o unas vacaciones, o unos cuantos días de fiesta, Esteban se pone enfermo. ¿Y no es necesario coger la baja!

¿Os ha pasado esto alguna vez? Es una jugarreta increíble: trabajar cuando hay que trabajar y enfermar cuando toca descansar y pasarlo bien. Y para postre ¡le tenemos que estar agradecido a nuestro cuerpo! Gracias a la gran sabiduría del cuerpo, cuando nuestro nivel de estrés llega a su nivel máximo, adoptamos una fase de agotamiento, nos quedamos sin energía e incluso podemos caer enfermos. Objetivamente enfermos, con fiebre, dolor corporal, fiebre, dolor de garganta, jaqueca, dolor de vientre o cualquier mal.

Enfermar cuando podemos disfrutar del tiempo libre nos permite descansar del agotamiento acumulado que llevamos encima. El cuerpo es sabio, pero la cabeza ha de poder captar el mensaje: nos hemos pasado, hemos acumulado tal cantidad de cansancio que hemos llegado al límite de lo que nuestro cuerpo puede resistir. Si no tenemos suficiente inteligencia emocional para captar los mensajes del cuerpo, no sabremos detener la escalada del estrés. Y un día el cuerpo no podrá resistir nuestras exigencias. Es más fácil mantenerse firme ante las exigencias excesivas de los demás, que resistirse a las propias exigencias.

Este artículo también está disponible en: Catalá

Dejar un comentario