Marta Albaladejo Mur
Marta Albaladejo Mur

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Este artículo está escrito el 26 Ago 2009, y está categorizado en General.

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¡Viva la vida lenta!

Lentamente, vuelve a poner en marcha el engranaje de la vida cotidiana. Unos preparan el inicio del curso, otros van volviendo a abrir sus tiendas y negocios que habían cerrado, algunos recuerdan los días de vacaciones y unos pocos todavía conservan la ilusión de hacerlas cuando la mayoría ya han regresado.

¿Qué es lo que hace que las vacaciones nos sean tan necesarias? Las vacaciones son una pausa en el ritmo del año. Contamos la vida por cursos. Llega septiembre y es como si empezáramos de nuevo, más, incluso, que para fin de año. Las campanadas y los brindis marcan un final y un inicio, pero sin pausa. En cambio, las vacaciones de verano son una bien recibida pausa y un retorno a la lentitud.

No es necesario haber viajado a la otra punta del mundo (¡mejor si se ha podido!), ni siquiera es necesario haber salido de casa. Únicamente es preciso ir a un ritmo más pausado, más lento. No sólo los que trabajan sienten el cambio de ritmo: las personas jubiladas, las que están en el paro, tienen más tiempo en verano. Los días son más largos, se puede salir a la calle a pasear, o sencillamente a contemplar la vida desde un banco. Se puede ir al campo, o a la playa, donde sea, que las conversaciones fluyan repletas de intrascendencia. Se puede comer cualquier cosa, un poco de fruta, una ensalada, un bocadillo… y, sobre todo, se puede avanzar poco a poco, muy poco a poco, que el calor no nos haga sudar demasiado.

En estos tiempos en que cada vez hay más personas que elogian la lentitud y valoran la vida lenta, el comer lentamente, las sobremesas lentas, el sexo lento y nuestras pequeñas ciudades lentas, el verano es todavía la más lenta de las estaciones. Y ahora que el verano se va acabando y los lentos días de vacaciones van quedando atrás, me gustaría guardar en una cajita un poquito de esa lentitud para saborearla de cuando en cuando, entre medio del estrés del otoño y de las prisas del invierno. Si lo consigo os ofreceré la cajita con el mejor de los regalos: un pedazo de la lentitud del verano. ¡Viva la vida lenta!

Este artículo también está disponible en: Catalá

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