Marta Albaladejo Mur
Marta Albaladejo Mur

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Este artículo está escrito el 10 Feb 2014, y está categorizado en General.

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Edición en español de “Aprender y educar con bienestar y empatía”

Desde finales del siglo pasado, los descubrimientos científicos sobre la función indispensable de las emociones en el desarrollo personal y social y en el aprendizaje han supuesto un cambio determinante en el ámbito de la formación de las personas. En esta obra, dirigida al profesorado de todas las etapas educativas, se parte de una exposición de la función de las emociones y de la salud psicológica de niños y jóvenes, se presentan propuestas de actuación en el centro y en el aula, para terminar abriendo algunas reflexiones sobre cómo estructurar la formación y asumir la propia profesión. Se incluye, asimismo, un amplio espacio de reflexión sobre los estilos educativos y el equilibrio emocional de educadores y educadoras y se ofrecen herramientas de coaching. Todo ello desde la mirada de la psicología, la pedagogía y la neurociencia.

Por su contenido, la obra no solo es de interés para el profesorado, sino también para todas las personas y colectivos que, conscientes de la influencia que todos ejercemos sobre los demás, y especialmente sobre las nuevas generaciones, participamos en la mejora de la salud emocional de la comunidad donde vivimos y debemos contribuir a ello. La obra también pretende colaborar en la construcción de una ciudadanía con nuevos valores, más activa y emprendedora, que busca la mejora de todo el colectivo humano.

Concretamente, en mi capítulo “El coaching como recurso” trato las herramientas para entrenar las competencias emocionales. Aquí tienes un fragmento, ¿estás de acuerdo?

Las personas que educan necesitan ser altamente competentes en el campo emocional. Para ayudar a un niño o a un adolescente a tolerar la frustración, por ejemplo, hace falta que la persona adulta que lo acompaña en el proceso sepa muy bien como se siente ella misma cuando se le frustran los deseos; tiene que ser una persona capaz de detectar cuando su malestar tiene el origen en una frustración, tiene que saber determinar qué frustración ha sufrido últimamente que le provoca ese malestar, ha de poder identificar en su cuerpo el efecto de la frustración y reconocer los síntomas.

Y también tiene que tener suficiente inteligencia emocional para adoptar una actitud vital que le permita conducir la frustración hacia un contexto constructivo: para superar la frustración de sus deseos, para reorientar los deseos hacia otros objetos posibles, para expresar la rabia de manera asertiva o par dar alguna otra respuesta sana ante la frustración. Tiene que conocer técnicas que le permitan relativizar la frustración, reequilibrar su cuerpo para retornarlo a la situación anterior, etc.

Como podemos deducir, si la persona adulta tiene poca tolerancia a la frustración, si a menudo no sabe identificar bien el origen de sus emociones, si no sabe poner nombre a la emoción que siente cuando encuentra impedimentos para obtener sus deseos, es difícil que dé apoyo al niño que no sabe cómo gestionar su rabia y qué no entiende que le está pasando ni por qué se siente mal.

Este artículo también está disponible en: Catalá

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