Marta Albaladejo Mur
Marta Albaladejo Mur

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Este artículo está escrito el 30 Ene 2015, y está categorizado en General.

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El espacio es una necesidad biológica, no un lujo.

IMG-20151201-WA0019¿Cómo estructuras el espacio? ¿Cuál es tu sitio en un grupo? ¿Dónde te corresponde sentarte cuando estás en la mesa con tu familia? ¿Y en el trabajo? ¿Sabes ocupar tu sitio? ¿O dejas que te lo ocupen? Los seres humanos somos animales territoriales. Vivimos en grupos desde nuestros orígenes, como el resto de los primates y compartimos el espacio con nuestro grupo ya desde los tiempos de las cavernas. A pesar de que no nos damos cuenta, los seres humanos delimitamos y defendemos nuestro espacio con reglas fijas y predecibles, de manera parecida cómo lo hacen les otras especies animales.

Ya en la segunda mitad del siglo XX, a partir de la investigaciones del antropólogo Edward T. Hall (1966), se comenzó a estudiar el comportamiento espacial humano con los instrumentos que los etólogos usaban para estudiar el comportamiento animal. Hall se dio cuenta que el sentido del “yo” del individuo humano no estaba delimitado por su piel. El individuo humano se desplaza dentro de una especie de burbuja privada, como si llevara una escafandra, que representa la cantidad de espacio que siente que tiene que haber entre él y los demás. Puedes comprobarlo fácilmente si te acercas gradualmente a otra persona; según su procedencia y el nivel de intimidad de vuestra relación, en algún momento esta persona empezará a retroceder, quizás irritada o quizás sin darse cuenta.

 

Cada uno de nosotros estructura a su manera, inconscientemente, su microespacio. Casi todos los animales consideran como propio un cierto espacio alrededor de su cuerpo; la extensión de este espacio depende de las condiciones en las que se crió el animal. Lo mismo pasa con la especie humana. No es lo mismo haber crecido en una ciudad con mucha densidad, que en una zona desértica.

 

De la misma manera, cada ser humano tiene una necesidad de espacio distinta cuando está en sociedad. La necesidad de espacio de las personas no es solamente una característica cultural sino que es una verdadera necesidad biológica. Muchos expertos han llegado a esta conclusión basándose en los estudios de población con especies animales. Experimentos con ratas han demostrado que, mucho antes que haya problemas de alimentación, con la falta de espacio los individuos llegan a un grado de tensión tan elevado, que los lleva a un colapso de comportamiento, es decir, empiezan a comportarse de manera totalmente extraña para su especie. Igualmente, estudios hechos sobre la población de ciervos explicaron la elevada mortalidad de animales que vivían sin depredadores y con comida abundante, debido a la hiperactividad de las glándulas suprarrenales producida por el estrés que generaba la reducción del espacio de cada ser, a medida que la población crecía.

 

Algunos estudios científicos también han sugerido que el estrés generado en las situaciones de superpoblación no tiene tanto que ver con el espacio personal como con el número de individuos con los que hay que interactuar.

Parece, por tanto, que entender la comunicación animal nos ayuda a avanzar hacia la comprensión de la comunicación humana.

Podéis ampliar el contenido en esta publicación.

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